Después de 6 cursos de estudio de la carrera de teología, al fin llega a su término. Mentiría si digo que me da mucha pena terminar la carrera, pero es verdad que ha merecido la pena. Los estudios, que tocan todos los elementos de la fe a nivel intelectual, han sido una ayuda para profundizar en mi vida cristiana, para conocer y comprender un poco mejor el misterio de Dios que se encarna y da su vida por nosotros.

Las asignaturas de biblia eran las mejores, no sé si era por que no eran tan “pesadas” como las de dogmática, o por su aplicabilidad diaria. Pero, destacaría el gusto y el deseo por acercarme a cada uno de los libros de la Biblia que me han suscitado los profesores, en concreto los del Antiguo Testamento, que me era el más desconocido. Saber qué hay detrás de cada redacción, conocer la experiencia de Dios que han tenido los hagiógrafos, saber como superaron las crisis, como celebraron las fiestas, ayuda a ponerse en la continuidad de la historia de la salvación en la que nos encontramos.

Las asignaturas de dogmática, que son muy necesarias, han sido más duras por la complejidad de su reflexión teológica. Pero también las he ido disfrutando, sobre todo los últimos cursos, cuando relacionaba temas de una asignatura y de otra y veía que comprendía mejor las materias gracias a los anteriores estudios.

Por último, el bloque filosófico, no me gusto mucho, pero esto es como los gustos. Además, según iba estudiando la historia de la filosofía cada vez me parecía más complicado.

Pero ante todo quiero dar las gracias a todos los profesores del bienio filosófico del I.D.T.P. y teología en Deusto por haberme acompañado en toda esta parte del proceso.


Jaime Pizarro

Seminarista de segunda fase

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