juan carlos martin minguez

Don Juan Carlos Martín (Valencia, 1958) ha sido capellán de la Clínica Universidad de Navarra desde octubre de 1988 hasta septiembre de 2010. Durante esos 22 años, ha vivido numerosas experiencias con los pacientes, incluso llegó a conocer en persona a Adolfo Suárez. Pero si hay algo que le ha marcado especialmente es cómo los pacientes afrontan sus enfermedades. En esos momentos de sufrimiento empiezan a replantearse distintos aspectos de su vida y ahí es cuando Don Juan Carlos les ofrece su ayuda, ya que, según él, siempre se puede ayudar.

Presentamos aquí la entrevista que le hizo Íñigo Ruiz Arregui, el 18 de noviembre de 2016.

1. ¿Cómo afronta el paciente el sufrimiento en una enfermedad?

– En primer lugar, habría que distinguir entre el dolor físico y el sufrimiento moral. El dolor físico es más o menos igual para todos. Si yo me pillo el dedo con la puerta, me puede doler igual que a otra persona. Ahora bien, el sufrimiento moral es muy distinto, ya que influyen muchos factores. Uno de ellos es la experiencia que uno tiene. Una persona que sufre por primera vez un dolor de cabeza le va a afectar más que a una persona que lo tiene habitualmente y ya está acostumbrado. También influye mucho el pronóstico. Si en una intervención quirúrgica, por ejemplo, al extirpar un tumor, el resultado es positivo, el sufrimiento que le va a provocar a un paciente es distinto al de uno cuyo tumor está muy extendido y no se le puede operar. Por último, influyen las convicciones morales, éticas y, sobre todo, las religiosas. Un paciente que tiene Fe sabe descubrir en el sufrimiento una oportunidad que Dios le da para acercarse a su Hijo, a Jesucristo.

2. ¿Qué diferencia hay entre una persona con Fe y otra que no tiene Fe a la hora de afrontar una enfermedad?

– Una persona que tiene Fe es capaz de ver una oportunidad que Dios le da de parecerse a su Hijo. Cuando una persona está padeciendo una enfermedad grave, está teniendo una intimidad especialísima con Jesucristo. De hecho, Jesús, en el Evangelio, se identifica en varias ocasiones con la gente que sufre y con la gente que está pasándolo mal. Una persona que tiene Fe es capaz de descubrir en la muerte una puerta que se abre a la vida eterna. En cambio, a uno que no es creyente es muy difícil transmitirle esperanza porque sabe que se está muriendo y pensará que con la muerte se acaba todo.

3. ¿Hay algo positivo en el sufrimiento?

– Nadie quiere sufrir, ni hacer sufrir a sus familiares o amigos. Pero el sufrimiento es una realidad inevitable para cada uno a lo largo de la vida. Que se pueda sacar algo positivo depende de la actitud de la persona. De entrada, uno lo rechaza y la pregunta que el enfermo se realiza es: ¿por qué a mí? Pero si uno consigue convertir la pregunta en para qué, empieza a descubrir cosas positivas a través del sufrimiento, por ejemplo, puede unir a una familia o puede hacer madurar a una persona. Se me quedó grabada una cita de un filósofo al que leí hace unos años que dice: “El hombre que nunca sufrió siempre será un niño”. Pienso que es una gran verdad. El sufrimiento ayuda mucho a recolocar la escala de valores, uno empieza a valorar cosas más afectivas: familia, amigos, etc.

sufrimiento
Foto del actor congolés Nganji Laeh, por Juan Rodríguez-Cano

4. Ha dicho que el sufrimiento puede unir a la familia de un paciente. ¿Cómo afrontan la enfermedad los familiares?

– Depende de dos cosas. En primer lugar, de la disposición del enfermo. Una persona que ve a su familiar sufrir y le oye hablar constantemente en negativo de su enfermedad, es muy difícil que pueda ayudar a una familia a afrontarlo de un modo sereno y positivo. En cambio, si un paciente acepta su enfermedad con paz, lo transmite a sus familiares y amigos. En segundo lugar, depende de las creencias de los familiares. Un paciente muy enfadado con su enfermedad, puede tener al lado familiares con Fe, con más confianza en Dios y que saben aceptarlo con calma, y así pueden intentar transmitir esa calma al paciente.

5. Un paciente que está solo, ¿cómo afronta el sufrimiento?

– Tiene muchas más dificultades para afrontar y aceptar bien el sufrimiento. Me viene a la cabeza un libro: Martes con mi viejo profesor. Es una historia real, muy bonita. Trata de un viejo profesor con una esclerosis lateral amiotrófica y un antiguo alumno que va a verle. Cuando hablan de la familia, el viejo profesor le confiesa que si no fuera por su mujer y sus hijos no hubiera podido afrontar la enfermedad como la estaba afrontando. La mayor fuerza que tenemos para enfrentar la enfermedad es el amor: el amor de Dios, en el caso de una persona que tiene Fe, y el amor de la gente cercana para todos los demás. Al final, el amor es la clave y una persona que está sola no lo experimenta igual.

6. ¿Y usted, desde su condición de sacerdote, cómo puede ayudar a los pacientes?

– Siempre puedes ayudar. Hay un dicho que dice así: curar, a veces; aliviar, a menudo; cuidar, siempre. Cuando uno dedica tiempo a los enfermos, como médico o como capellán, se da cuenta de que cada paciente es un mundo y se puede ayudar de muchas maneras. Le puedes facilitar ese reencuentro con Dios, hacerle ver cómo Dios pasa especialmente cerca de esas personas que están sufriendo. Hay gente que lo acepta y hay gente que no lo acepta, por lo tanto, un capellán tiene que darse cuenta de quién tiene delante para enfocarlo de una manera o de otra. El tipo de ayuda que yo puedo brindar es consuelo, esperanza y la ayuda más propia del sacerdote, a través de los Sacramentos: reconciliación con Dios, Eucaristía o Unción de los enfermos. Otras veces consolándole o escuchándole. En mi experiencia en la CUN, siempre me quedó la sensación de que algo estaba ayudando.

Fachada Clinica Universitaria de Navarra
Fachada de la Clínica Universitaria de Navarra (CUN)

7. ¿Algún paciente ha rechazado su ayuda?

En los 22 años que he estado en la CUN, he podido entrar en una habitación a ver a un enfermo miles de veces, pero solo en una me han echado. Entré en la habitación, el paciente me miró y me preguntó a ver qué hacía ahí. Yo le dije que venía a saludarle y me respondió que, como ya le había saludado, me fuera. Y ahí se acabó nuestra relación. Otros, como ven que vas con buena voluntad y que simplemente quieres ayudarles, aunque sea gente que no está acostumbrada a que alguien acuda a ellos desinteresadamente, te reciben muy bien. De hecho, ha habido casos en los que un paciente, de entrada, te dice que no quiere saber absolutamente nada de Dios y fruto de esas visitas diarias se va abriendo y puede acercarse a Él.

8. ¿Ha habido gente que se haya convertido?

– Muchos casos, aunque no todos los que a mí me gustaría que hubieran sido. La vida es muy ajetreada, estamos en la cultura del inmediatismo y uno, en general, no tiene fácil reflexionar sobre el sentido de su vida. Sin embargo, fruto del parón al que te obliga la enfermedad, es muy frecuente que una persona se cuestione muchas cosas, no solo desde el punto de vista religioso, sino también desde el punto de vista humano. Ha habido muchas situaciones en las que una persona ha estado más o menos alejada de Dios, y con motivo de la enfermedad esa relación ha vuelto a coger fuerza.

9. ¿Está preparada la sociedad actual para el sufrimiento?

– No. Hoy en día, la vida es más fácil, no queremos que la gente sufra, no queremos que las cosas nos cuesten, buscamos lo cómodo, lo fácil y cuando aparece el sufrimiento, que inevitablemente llega, la gente no está preparada. De hecho, no es casualidad que una de las causas más frecuentes de muerte en la adolescencia sea el suicidio. En cambio, esto es algo que no sucede en los países del tercer mundo. Para una persona que está acostumbrada, es mucho más sencillo soportar el sufrimiento, en cambio, para alguien que no ha sufrido nada, el sufrimiento es demoledor.


iñigo ruiz arregui

Íñigo Ruiz Arregui
Estudiante de Periodismo e Historia
Universidad de Navarra
Amigo del seminario de Bilbao

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