– ¡Qué bien, que tuvieras un rato, esta misma tarde! ¡No veía el momento de estar contigo y contarte, Kepa!
– ¡Madre mía, qué ímpetus! Supongo, Ana, que te ha ido bien, en tu Retiro donde las Mikelinas, ¿no?
– Bien, no; ¡mejor! Todo el rato me venía a la cabeza Pedro en el Tabor: «Señor, ¡qué bueno es estar aquí!»
– ¡Cuánto me alegro!
– Todo parecía hablarme de Dios y llevarme a Él: las Monjas, la oración, la Liturgia, la arquitectura, la música, la Palabra, el paisaje… Dios es Bello, Bueno y Verdadero: ¡lo he palpado!
– ¡Ajá!
– ¿Sabes que, una tarde, me recibió la Comunidad entera, en el locutorio? ¡Dos horas y pico, sólo para mí!
Había varias de mi edad o un poco mayores. Pero, me llamó, especialmente, la atención Sor Sicar, una Monja anciana, ya doblada, con una mirada chispeante y una curiosidad vivísima. Dice que, desde que entró en el Convento, a los 16, no ha dejado, ni un solo día, de dar gracias a Dios por ello. Se la ve feliz.
– ¿Pudiste charlar con la Madre Catalina?
Francisco Javier Rojas
 Director del Secretariado para los Monasterios de Clausura de la Diócesis de Bilbao
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