LA VIDA BOCA ARRIBA LVI

– ¡Hola, Kepa! ¡Qué raro, verte por aquí!
– ¡Uy, Ana, qué sorpresa!
– Sorpresa un tanta fingida, me parece…
– Verás, he sabido que ibas a estar por aquí, y me ha sobrevenido un súbito interés por la colección de estampas de D. Serafín.
– ¡Pero, hombre! ¡También me podías haber llamado!
– Bueno, ¡para qué simplificar las cosas, pudiendo complicarlas!
– ¡Jajajajá!
– Chica, que desde que te mueves en otros círculos, te has hecho muy cara de ver. Sólo sé de ti de oídas.
– ¡Es verdad! Hace mucho que no hablo contigo. Ya me puedes perdonar.
– ¡Qué dices, Ana! Es lo normal, ahora que te estás preparando para emprender nuevos caminos; para volar por otros cielos, habría que decir, más bien.
– De todos modos, no cantes victoria, Kepa, que aún no te has librado de esta petarda. En el Aspirantado pienso seguir echando mano de ti. No tengo que renunciar a tu acompañamiento, ya lo sabes.
– Sí, sé que, durante ese año, puedo seguir tratando de ayudarte, si tú quieres. Pero, ya verás cómo van entrando en juego otras inquietudes y otras personas.
– Es que es un año de inmersión paulatina, aunque con un propósito claro que representa un cambio de vida.
– ¡Eso es! Te veo muy contenta, Ana, que es como tienes que estar.
– Lo estoy, pero, a ratos, se me hace como un vacío en el estómago.
– ¿Temor?
– Sí, algo así. Sensación de riesgo intenso.
– Eso está muy bien.
– Supongo, puesto que estoy ante un momento de ser o no ser.
– ¡Cómo me gusta lo que acabas de decir, Ana! Los momentos clave de la vida son de ser o no ser, momentos límite.
– Son ocasiones para crecer en la Fe, ¿verdad?
– ¡Así es! La muerte de un ser querido, la enfermedad grave, el Matrimonio, el nacimiento de un hijo, el sí a una Vocación de especial Consagración hacen aflorar en nosotros, a nada sensibles que seamos, preguntas de sentido.
– Son momentos para la confianza y el abandono, por tomarle prestado el binomio a Nekane.
– ¡Caray, esa chiquita! En efecto, para llegar a la Fe o para madurar en ella.
– Yo creo que va a ser Santa.
– ¿Quién?
– Nekane. Es la más joven de las tres y ¡se la ve tan bien dispuesta para el Convento!
– ¡Ojalá sea Santa! Pero, no tengo que repetirte que el Señor os ofrece a cada una vuestro propio camino de santificación, ¿verdad?
– No, lo sé. Aunque con un tronco común muy importante: una misma Vocación, en una misma Comunidad.
– ¡Cierto! Ana, por favor, no me caigas en el error de idealizar a nadie ni tampoco de envidiarle; ¿vale?
– Gracias. ¡Y menos de sentirme superior! Que por esto último creo haber pasado ya.
– Y como veo que me tienes muy consentido, añado una cosa más. ¿Me dejas?
– ¡Venga, Kepa!
– La cosa no está sólo entre tú y Dios. Él te va a dar Hermanas a las que querer y una Madre a la que obedecer. ¡Cuida la Comunidad, por favor!
– Por algo lo dices. ¡Ay, mis veleidades individualistas! ¡Muchas gracias, Kepa! ¿Te has puesto un poco rojo?
Continuará…
Francisco Javier Rojas
Director del secretariado para los Monasterios de Clausura de la Diócesis de Bilbao
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