LA VIDA BOCA ARRIBA LVII

– Oye, Paco, me llama la atención cómo admiran a Nekane las otras dos.
– Sí, D. Serafín, es que salta a la vista. Y el caso es que, de entrada, es una chavala que pasa, más bien, desapercibida.
– Dímelo hilando, Paco, que estas pirañas que tenemos por compañeros de mesa, te van a dejar sin croquetas.
– Bueno, conmigo lo tienen fácil: no soy de mucho comer.
– Tú verás. Yo, sin embargo, ¡a cara de perro!
– Jajajá. Anda, que cualquiera que te oiga…
– ¡Allá cuidado! Ya me sacan cantares, últimamente, por pasarme las comidas de Curas hablando con quienes más estáis trabajando por la Vida Contemplativa… ¡Oye, Serapio, que esa croqueta es mía! ¡Ni mirarla!
– Jajajá. Oye, veo que te funciona la táctica.
– ¡Por supuesto! De todos modos, alcánzame esas dos de la esquina, antes de que aprovechen algún despiste.
– Pues sí, D. Serafín, Ana y Rebe miran a Nekane hacia arriba. Es bien curioso: se están fijando en la más joven, casi como líder del grupo.
– Rebe me hablaba de la naturalidad con que se desenvuelve en el Monasterio.
– Se la ve muy centrada. Yo creo que hay dos cosas que influyen, claramente. No digo que sean las únicas, por supuesto.
– ¿A cuáles te refieres, Paco?
– Por un lado, su tía Pasionista. Bueno, tía de su madre, mejor dicho.
– ¿Había mucho trato?
– Parece ser que, en persona, no. De hecho, la tía pasó la mayor parte de su vida en Colombia, donde murió hace un par de años. Pero era una referencia, más o menos lejana, presente en la vida de la familia de Nekane.
– Pues, es verdad: eso ahí está.
– Y luego está la muerte de una compañera de clase y amiga, con 18 años.
– ¡Andá!
– Me ha contado Nekane que se hizo más preguntas que nunca. Y que su vida cambió.
– Se la ve más madura que la media de su edad, ¿no?
– Sí, bastante más. Se acercó, de un modo mucho más intenso, al Evangelio y, en general, a la Sagrada Escritura.
– ¡Qué cosa tan buena!
– Y, claro, por casa había también alguna sencilla literatura Pasionista, que la tía Monja se había encargado de poner a disposición de su familia, con el correr del tiempo.
– Escritos de S. Pablo de la Cruz, supongo. ¿Y cosas sobre S. Gabriel de la Dolorosa y Sta. Gema Galgani?
– Sí. Por eso, oración, penitencia y ayuno no le causan a ella ninguna extrañeza. De hecho, los lleva cultivando, modesta pero seriamente, estos pocos años.
– ¿Y no hemos sido un tanto frívolos relegándolos y enseñándolos a relegar? ¡Caray, Paco, me da que me voy a incorporar al coro de admiradores de esta chica!
– ¡Moderación, D. Serafín, moderación!
– ¿Sabes lo que te digo, Paco? Que tengo el pálpito de que seguro que tenemos más mirlos blancos en nuestra Diócesis. De modo que, ¡de ningún modo consideres estos tres ingresos de este año como un hecho excepcional! Para el año que viene, te pediremos cuatro, como mínimo.
– ¡Madre mía, D. Serafín! ¡Qué manera de ponerme las pilas! ¡Muchísimas gracias por tus ánimos! Espera, que creo puedo rescatarte una o dos croquetitas de la mesa de al lado.
Continuará…
Francisco Javier Rojas
Director del secretariado para los Monasterios de Clausura de la Diócesis de Bilbao
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