– ¿Y sacaste algo en limpio?
– ¡No podía ser! Ese Monasterio no reunía mujeres de tercera división, psíquicamente enfermas o carentes de inteligencia; sino mujeres adultas, en pleno uso de sus facultades y de su libertad. Es más, en varias de las Monjas intuía mujeres muy recias, de una pieza…
 
En fin, seguí con mi lectura, y mira tú por dónde, con qué me encontré:
 
«Queridas Hermanas contemplativas, ¿qué sería de la Iglesia sin vosotras…? La Iglesia aprecia mucho vuestra vida de entrega total. La Iglesia cuenta con vuestra oración y con vuestra ofrenda para llevar la buena noticia del Evangelio a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo. La Iglesia os necesita.»
 
Es el Papa, en el documento que me recomendaste. ¿Te das cuenta, Kepa? «OS NECESITA.» Eso es lo que dice. La Vida Contemplativa Femenina no es, pues, un adorno, una carga o un vestigio del pasado. ¡Es imprescindible!
 
– ¡Cuánto bien nos hace el Papa, al recordádnoslo! Porque se nos suele olvidar, la verdad.
 
– El sábado por la mañana apareció por allí un autobús. Era una excursión parroquial. Yo me mantuve a lo mío, pero observé que esa gente, además de participar en la Misa y en la Tercia, pasó un tiempo largo en el locutorio. Pues bien, cuando volvía al autobús, llegó, a través de mi ventana, la voz de un crío: «Ama, si estas Monjas están ahí todo el día, todos los días de la semana, todas las semanas del año y todos los años de su vida, entonces no tienen razón los padres de Berta, que dicen que Dios no existe; ¿verdad, Ama?»
 
– ¡Anda con el crío! Chica, ¡cuántas cosas has vivido, en tan pocos días!
 
– ¡Y tanto! ¡Y todavía no te he hablado de la Madre Catalina!
Francisco Javier Rojas
Director del Secretariado para los Monasterios de Clausura de la Diócesis de Bilbao
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