LA VIDA BOCA ARRIBA XL

– A ver…
– ¡Así no, Papá!
– ¡Vaaaaaaaaya!
– Espera, ya lo limpio yo.
– Si es que, sólo con leer Abrefácil, ya me quedo paralizado por la confluencia de mil complejos.
– ¡Menos mal!, que este choricito de León no se presenta en envases tan sofisticados…
– Se me hace la boca agua, hijo. No sé si el bueno de Franjes Barcos habrá hecho algo mejor en su vida que suministrarnos este manjar.
– ¡Y pensar que Mamá y Ana no dan un paso por él!
– ¡A más tocamos, Pablete! Bueno, a tu hermano le reservaremos su parte, aunque nuestro titánico esfuerzo nos cueste.
– Ya lo corto yo.
– ¡Ay, se me ha olvidado sacar el queso de cabra de la Señá Cloti, tan oportuno para estas ocasiones!
– Me encantan estos mano a mano, de hombre a hombre, Papá.
– ¡Calla, hijo, que a mí se me cae la baba! ¡Y no lo digo por el chorizo y el queso!
– Bueno…
– ¡Ay, Madre, que nos vamos a emocionar los dos! Pablo, ¿te he contado, alguna vez, que, en su día, también a mí me rondó la idea de ir al Seminario?
– ¡Qué me dices! No lo sabía.
– Sí, al terminar los estudios. Pero, enseguida, conocí a tu madre y quedé fascinado. La idea del Seminario no volvió a aparecer por mi cabeza, jejejé.
– ¡Vaya con Doña Isabel!
– ¡Ay, como te oiga! Pero, a ti te veo una intención mucho más seria que lo que llegó a ser la mía. Aunque, no creas: yo no fallaba a la Adoración Nocturna, y participaba con fervor.
– Sí, eso sí que te lo he oído alguna vez.
– La verdad, Pablete, tu hermana y tú me tenéis vibrando, de unos meses a esta parte.
– ¡Jopé, Papá, eso ni me lo imaginaba!
– Bueno, ya sabes que tu padre no es de los que ganan premios de expresividad.
– Ya… pero de tu cariño nunca hemos tenido ninguna duda; por lo menos, Ana y yo. ¡Que lo comentaba con ella el otro día, casualidad!
– ¿Cómo estará tu hermana? ¿Qué tal le estará resultando este mes?
– No sé. Oye, ¿cómo haces para hablar y comer? ¡Me vas a dejar sin chorizo!
– ¡Perdona, hijo! Ya sabes que estas delicias me arrebatan. ¡Come, come tú!
– Hoy, en Misa, he pensado en ella. Porque creo que estará viviendo lo que decía el Profeta Oseas: «La llevaré al desierto y le hablaré al corazón.»
– «Y te penetrarás del Señor.» Este texto me lo conozco un poco. Es verdad, Pablo, hijo, para eso se la ha llevado Dios este mes al Convento. Para terminar de seducirla y hacerla Suya.
– Y no deja de embellecerla con mil y un cualidades, ¿verdad, Papá?
– ¡Eso es! ¡Qué bien lo dices, Pablo, hijo mío!
– Papá, ¡si estás llorando!
– Es todo tan… tan…
– ¡Anda, qué situación! Los dos llorando. ¡Y eso que el chorizo no es picante!
Continuará…
Francisco Javier Rojas
Director del secretariado para los Monasterios de Clausura de la Diócesis de Bilbao
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