LA VIDA BOCA ARRIBA XLI

– Kepa, espérame luego a la salida, por favor.
– Paco, ¿otro café, después del que tomemos con todos?
– No, Kepa, no te viene bien a esas edades tuyas, jajajajá. Bastará un paseíto por la explanada.
– En fin, el Reverendo Asteguieta, ¡tan espartano como siempre!
– Luego nos vemos.
– Donse, ¿qué querrá Paco? Ana sigue fuera, y no creo que él sepa nada… Estoy despistado.
– ¡Déjate sorprender, Kepa! ¡Es lo mejor!
– Es verdad. Anda, Donse, acércame, por favor, esa bandeja, que ¡menuda pinta tienen esos fritos!
– ¡Ay, Hermano, te pierde el buche! Tú ni te has dado cuenta cómo le brillaban los ojillos a Paco.
– ¿Qué insinúas, Donse?
– ¿Te has fijado que, casualidad, hay un sitio libre a su lado?
– ¡Entendido, Donse! Confío no se hayan terminado los fritos en esa mesa.
– ¡Anda, Kepa! ¿Te vienes con nosotros?
– Paco, ¿cómo te iba a hacer esperar, viendo el chisporroteo de tu mirada? ¡Algo tienes!
– Sí. Oye, pero, a ti siempre te han gustado los fritos. Espera, que te acerco la bandeja.
– Chico, ¡qué exquisitez!
– ¡Si aún no los has probado!
– Me refiero a la tuya, Paco. ¡Eres admirable!
– ¡Ay, Kepa, siempre tan amable!
– ¿Y bien?
– Kepa, el Señor se está fijando en nuestra Vida Contemplativa.
– ¿Sabes algo de Ana?
– No. Pero, estoy convencido. Dios se ha puesto en la vanguardia y nos va a dar la victoria en esta contienda.
– Chico, tú sí que sabes contagiar entusiasmo.
– La Vida Contemplativa en nuestra Diócesis sale adelante, Kepa. Nosotros sólo tenemos que orar, vigilar y trabajar con todas nuestras fuerzas. Pero, la victoria nos la regala Él.
– Paco, ¿de dónde te brota esa seguridad?
– Él me lo ha confirmado en la oración.
– ¿Así, sin más?
– Le he presentado algunos hechos.
– ¿Ana?
– Y más, Kepa, y más.
– Paco, chico, como no seas más explícito…
– ¿Te acuerdas de aquella chica que vino a charlar conmigo, después de aquel encuentro veraniego?
– ¡Ah, sí, Nekane, cuando Ana ofreció su testimonio!
– ¡Eso es!
– ¿Y es tan serio lo de esa chavala?
– ¡Vaya que sí! Es un alma finísima, una perla en bruto. Su sensibilidad humana y cristiana, exquisita.
– No me hacía idea.
– Tiene una madurez impropia para su edad. Si algo quiere, se ve que va por ello. Y no se pierde en naderías.
– Recuerdo que le dije a Ana, en broma, que, llamándose Dolores, tocara donde las Pasionistas.
– Es, precisamente, lo que ha hecho.
– Paco, me estás tomando el pelo.
– No, Kepa, pasará con ellas toda la Semana Santa y la Octava de Pascua.
– Si me pinchan, no sangro. ¡Qué alegría!
– Y Donse me llamó el martes para que me pase por su Parroquia.
– ¿Pués?
– Algo debe de haber allí. Alguien, mejor dicho. Y parece que ha decidido dejar de entretener la vida.
– ¡Qué verdad, Paco, aquí se barrunta un Tiempo de Gracia para nuestra Vida Contemplativa!
– ¿Te acuerdas cómo nos insistía el Padre Narro en que es Dios quien nos entrega al enemigo?
– Sí, jajajá, pero que, ¡cáspita, al menos, comparezcamos en el campo de batalla!, solía añadir.
– Jajajajá.
Continuará…
Francisco Javier Rojas
Director del secretariado para los Monasterios de Clausura de la Diócesis de Bilbao
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