– D. Serafín, ¿no es algo muy raro?
– ¿A qué te refieres, Rebe, maja?
– Hombre, ¡que vayamos a ser tres!
– Bonito número, mujer.
– ¡Ande, no se haga el loco!
– Mira, Rebe, ¡claro que se va a hablar! ¡A quién se le ocurre, en el siglo XXI, entrar en un Convento de Clausura! Encima, tres: ¡qué raro! Y al mismo Convento: ¡aquí hay gato encerrado!; ¡no parece que haya fundamento!
– Sí, a eso me refiero…
– ¿Pasionistas? ¿No somos de la Resurrección?
– Pare, D. Serafín, que me va ud a desanimar.
– ¡Claro que va a haber murmuraciones! Éstas y otras que ni se me ocurren.
– Ya veo que no les da mucha importancia.
– Si se la diera, no me levantaría por las mañanas. ¡Ah, bueno, sí! ¡Que, si no, me atizarían por vago!
– Ud está seguro, ¿verdad?
– ¿De qué, Rebe?
– De que la decisión es correcta. Me refiero a la mía.
– A ver, chavala, ¿quién la ha tomado?
– Yo. Bueno, creo que respondo a una decisión del Señor, a una llamada Suya.
– ¿Y por qué crees eso?
– ¡Caray, D. Serafín, porque lo he discernido!
– ¿Sola?
– No; que si hubiese sido sola, ¡entonces, sí que no me fiaría!
– ¿Con alguien que te dice lo que quieres oír?
– Lo cierto es que, en esto, a ratos, ni yo misma sabía qué es lo que quería oír. Pero, no, me han ayudado distintas personas de Iglesia: Curas, creyentes serios de la Cofradía…
– ¿A qué te han ayudado?
– A reconocer que, en el cambio que estaba experimentando en mi vida, estaba Dios muy presente, muy dentro. ¡Menudo examen, D. Serafín, jajajajá!
– ¡Ah, maja! Me has provocado. Y no he terminado aún.
– ¿Por qué Pasionista?
– ¡Anda, me has cazado! ¡A ver, a ver, respuesta!
– Porque, probablemente, por mi implicación cofrade, ha crecido en mí el amor al Misterio de la Pasión y Muerte de Cristo, un gusto especial por convertirlo en oración y vida.
– ¡Ah, pues, no pareces tan insegura!
– Pero, dudo de que, en el fondo, no sea esa mi opción por influencia de Ana y Nekane…
– ¡Seguro que ha influido el paso que ellas dan! ¿Y qué? ¿Es eso malo, si hay fundamento?
– Supongo que no.
– ¡Claro que no! En mi tiempo de Visitador, conocí bastantes Monjas que habían entrado en el Convento, unidas a hermanas carnales y amigas. La mayoría perseveró. Y algunas de ellas eran auténticas santazas.
– No sabía eso.
– Es normal que la respuesta a la llamada de Dios sea facilitada por el ambiente; del mismo modo que, hoy, tantas veces, hemos de lamentar que sea dificultada y hasta sofocada por el mismo.
– Oiga, D. Serafín, ¡que nos estamos dejando la principal seguridad!
– Dígame ud.
– Que hemos hablado las tres con la Superiora y hasta con el Obispo, tanto juntas como por separado.
– O sea, que hay una garantía eclesial.
– Además, D. Serafín, ¡que comenzamos por el Aspirantado, no por la Profesión Solemne!
– Si es que, cuando se pone uno a ver gigantes donde no hay más que molinos de viento. ¡Ay, Serafín, qué agonías nos has salido, jejé!
Continuará…
Francisco Javier Rojas
Director del secretariado para los Monasterios de Clausura de la Diócesis de Bilbao
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