– Hoy estoy que no me aguanto a mí misma, Ana.
– Bueno, Rebe, ¡quién no tiene días de esos!
– Si es que, me voy dando cuenta de que no falla: en cuanto aflojo en la oración, tiendo a caminar a trancas y barrancas.
– A mí, me pasa igual. Y supongo que a todo el mundo. Al fin y al cabo, si cortas su oxigenación, el organismo comienza a languidecer. ¿No es lo mismo con el espíritu, teniendo en cuenta que la oración es la respiración del alma?
– Gracias a D. Serafín he caído en la cuenta de que, a diario, debo buscar el Encuentro con Cristo. Por eso, he comenzado a ir a Misa todos los días.
– ¡Cuánto me alegro, Rebe! Y pensar que yo creía que, ¡para qué todas esas cosas!, si lo importante era ser buena.
– Sí, como Cristo me ha salvado y no tengo méritos que hacer, me basta vivir con coherencia.
– En efecto, pero olvidaba preguntarme: ¿coherencia con qué?; ¿con el Evangelio, es decir, con Cristo mismo, o con mis ideas sobre el Evangelio y Jesús?
– Fíjate, a mí la Cofradía me ayudó a avanzar. Mirar ese paso del Nazareno, me hacía entender que hacía falta algo más, un salto: yo debía responder al Amor con mi amor.
– Un Amor que se sacrifica a sí mismo, a precio de la propia Sangre…
– D. Serafín me hizo ver que ese Acontecimiento tiene lugar en la Eucaristía. Y me di cuenta de que no bastaba mirar y portar un paso ni llorar en su contemplación, sino que yo debía buscar el Encuentro real con Cristo vivo en la Santa Misa.
– Lo que no sé es cómo no habíamos caído antes en la cuenta, Rebe. ¡Que, de tontas, tenemos lo normal!
– Jajajá. Me río, pero tienes razón. Vete tú a decirle a una esposa enamorada que, total, qué más da que se encuentre con su marido o no, si ya saben que se aman.
– ¡Qué buen ejemplo, Rebe!
– Así lo veo, Ana.
– ¿Te acuerdas de Nekane?
– Sí, alguien me ha contado de ella, últimamente: Pablo, creo.
– ¡Qué curioso! Esta vez, soy yo quien le va a pedir a ella su testimonio. ¡Que no se me olvide contactar hoy con ella! A ver si podemos encontrarnos en la segunda semana de Pascua.
– ¡Ah, recién llegada de su quincena con las Pasionistas!
– Eso es. ¿Me dejas que te diga una cosa?
– ¡Claro, somos amigas!
– Bueno, es que, yo estoy muy contenta.
– ¡Cuánto me alegro!
– Hoy, Viernes de Dolores, estoy ayunando. Por amor a Dios. No sólo para compartir, en la Limosna, lo que me ahorre, sino por amor. «Vivir de toda Palabra que salga de la Boca de Dios.» Creo que para vivir así, nos hace falta el ayuno.
– Y Jesús, lo ponía en combinación con la oración. «Estos demonios sólo se expulsan a base de ayuno y oración.» Yo lo aplico a todo lo que me aparta de Su Voluntad. Y a todo lo que al mundo le aparta de Dios.
– ¡Ay, Rebe, a ratos me parece que nosotras estamos ya más encauzadas de lo que creemos! Sí, ¡tú, también!
Continuará…
Francisco Javier Rojas
Director del secretariado para los Monasterios de Clausura de la Diócesis de Bilbao
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