LA VIDA BOCA ARRIBA XXIX

– ¿Hay alguien por aquí?
– ¡Ahí va, Pablo, qué sorpresa!
– Pero, ¿no se coge vacaciones, D, Serafín? Mire que siempre se le encuentra a ud aquí, al pie del cañón; ¡hasta en pleno agosto!
– Fíjate, Pablo, si te das una vuelta por el barrio, te darás cuenta de que pocos establecimientos cierran más allá de dos o, como mucho, tres semanas.
– ¡Es verdad! Mi padre sólo se coge los diez días que vamos al pueblo, donde la abuela. Y aún así, dice que siempre pierde una parte de la clientela, aunque sea muy pequeña. Y no vea ud la gracia que eso le hace a mi señor padre.
– Me lo imagino, Pablo. Pues, aquí, perdóname, pero se juega mucho más que en la tienda de tu padre y que en cualquier negocio, independientemente de su tamaño.
– Es verdad, D. Serafín, la Parroquia está para que Cristo sea conocido y amado; en definitiva, para la Salvación de las almas. ¡Menudo negocio, las alas animalorum!
– Salus animarum, Pablete.
– ¡Ah, sí, jejejé! Espero que no me metan mucha caña con el latín, en el Seminario…
– ¡Jajajá! Y ya sabes que nos hemos querido tomar aquí muy en serio esa «santuarización de las Parroquias» a que nos exhorta el Papa. Y para tener la iglesia abierta, estar disponible para el Sacramento del Perdón, acoger a quien se presente, utilizar las buenas posibilidades catequéticas de nuestro templo… Para eso hay que estar.
– Es cierto.
– Eso sí, mi semana de Ejercicios de finales de agosto, ¡intocable! Pero, ya me he asegurado de que D. Crispín y Kepa estén al quite, en esos días. ¿Y tú? ¿No estabais donde la abuela?
– Sí, pero es que viene por aquí a probar un amigo que juega en la Leonesa.
– ¿En la Leonesa?
– Sí, es que le conocí aquel verano en que me mandaron mis padres a Irlanda.
– Oh, I remember! ¿Y qué dice la Señá Cloti? ¿Qué tal está?
 
– De salud, como siempre: más robusta que nadie. Y, además, muy ilusionada con la posibilidad de que Ana pueda llegar a ser Monja y yo Sacerdote. Aunque no deja de lanzarnos puntadas, suave suave. No sé si nos ve con mucho fuste. Si es que, se pone uno a pensar, y a mi edad ya estaba casada, tenía a mi padre y había enterrado a padre, madre y una hija de días.
– Otra pasta, eso hay que admitirlo.
– Me llama mucho la atención cuánto nos insiste, «a tiempo y a destiempo», en la necesidad de tomar decisiones en la vida y apechugar con ellas.
– Que es lo que ella ha hecho siempre.
– Sí, Ana y yo le solemos decir que, en sus tiempos, se ofrecían menos opciones para todo; y no sólo en las tiendas de ultramarinos, sino también en cauces para orientar la vida.
– Sí…
– Pero, bien mirado, aquello exigía mucho valor. Mi abuela tiene una muletilla, con la que Ana y yo le tomamos el pelo: «Niño, ¡con la vida no se juega!» Pero, en realidad, es muy serio lo que dice.
– ¿Dónde hemos oído tú y yo algo parecido, Pablete?
– «Con la Vocación no se juega.» Nos lo dijo Matías, el Delegado de Promoción Vocacional, cuando estuvo por aquí.
– ¡Buena memoria, chaval!
Continuará…
Francisco Javier Rojas
Director del secretariado para los Monasterios de Clausura de la Diócesis de Bilbao
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