¿Quién dijo que el ateísmo había triunfado? ¡Qué va! Como va a triunfar si vemos una
superficialidad religiosa, formada a partir de tradiciones autóctonas pre cristianas, o tradiciones
orientales, malinterpretadas desde la óptica actual occidental.

¿Y en el catolicismo? También hay un nuevo renacer religioso; no hay más que ver las Jornadas
Mundiales de la Juventud, Taizé, el renovado auge de las peregrinaciones (por ejemplo, a
Santiago de Compostela, a Jerusalén, a Roma), el favorable interés que suscita el papa
Francisco mucho más allá de los límites de la Iglesia católica.

Con esto, es lógico que el cardenal Kasper, en el prólogo en español a su libro «El Dios de
Jesucristo» diga que esta nueva religiosidad es compleja y ambigua; y que uno se puede y se
debe preguntar críticamente: ¿qué tipo de religión se está fraguando ahí? ¿Se trata del Dios
anunciado por Jesús o de antiguos dioses bajo nuevos disfraces?

Las preguntas son legítimas. Y como supongo que los lectores no querrán adorar a quien ni ve
ni escucha ni habla, les propongo una solución sencilla que permita desechar lo más burdo de
la espiritualidad (lo fino requiere más profundidad).

Verán, por la Economía sabemos que la publicidad puede crear conciencia de un producto y
lealtad hacia una marca. Esto que no parece nada problemático, encierra un peligro…va en
contra del libre mercado, pues erige barreras de entrada a otros competidores.
El comprador, al «enamorarse» de la marca sólo tiene ojos para ella…sin comparar con otras;
digamos que el comprador se acomoda y se vuelve menos crítico.

Pues bien, si la situación se prolonga, entonces, el número de empresas que ofertan el
producto no será grande, ya que las que quisieran entrar a competir no tendrán compradores
dispuestos a comparar lo que les ofrecen. La situación puede llegar al monopolio.
Con esto en mente, razonemos. Si el producto en el mercado religioso es la espiritualidad,
entonces, al monopolista le interesa reducir los caminos que lleven a la salvación (por eso
tenderá a admitir una sola espiritualidad o método de salvación, aunque haga diferentes
actividades, como retiros, novenas, charlas espirituales…).

Además, si consigue que haya en el mercado un solo camino, entonces puede aumentar el
precio de dicha salvación (en rigor espiritual y material).
Por tanto, antes de entregarse a una «comunidad», pregúntese si su publicidad (desde folletos
hasta retiros, pasando por momentos oracionales) busca que usted sea «leal» a una manera de
hacer; o «concienciarle» de lo bueno que es… vamos, crearle una dependencia a lo que le
ofrece.

Si es así, empiece a sospechar, pues quien actúa de esta manera (aunque sea sin querer) le
puede convertir en un acrítico adorador de ídolos, a la vez que él se convierte en el “camello
de dios” (sí, dios en minúsculas).
Recuerde que Jesús, camino, verdad y vida, no busca la “dependencia emocional” de los otros
(si la buscara, ni Judas le traicionaría, ni Pedro le negaría). Jesús propone…y deja libertad para
elegir.

Txomin Alonso. Seminarista. Estudiante de teología.

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