Estamos en Nazaret, concretamente en Casa Nova, la residencia de la orden franciscana y que nos ha acogido a todo el grupo en peregrinación. Anoche celebramos la Eucaristía en la Basílica de la Anunciación, en el lugar en el que residía María y en el que se lleva a cabo el anuncio del Ángel: la Encarnación de Dios.

Nazaret en tiempos de Jesús era una comunidad de unas cuarenta familias aproximadamente, por lo que los hogares se encontraban cerca unos de otros. Y efectivamente, el trayecto que hay entre la casa de María y la de José no es muy grande, se recorre en unos cinco minutos andando. La zona es una ladera de un pequeño monte escarpado en sucesivas capas y con múltiples grutas naturales, de modo que se aprovechaba la orografía del terreno para construir las casas.

Por la mañana y desde muy temprano nos acercamos a la Gruta de San José y allí nuevamente se aparece nuestro ángel, el padre Javier Siegrist, quien nos abre la puerta para poder acceder a la gruta en la que permanecemos un tiempo en oración. La Gruta de San José es la casa de la Sagrada Familia, es el lugar en el que vivió Jesús durante el periodo de su vida oculta. En mi meditación no paro de recrear cómo sería la vida de Jesús en Nazaret en sus diferentes etapas a lo largo del periodo previo a su vida pública: el niño correteando de casa de sus abuelos a casa de sus padres, el joven colaborando con su padre en el trabajo diario, sus escapadas a los montes cercanos a orar…

Tras reponer fuerzas con el desayuno, nos dirigimos en autobús al Monte Carmelo, donde nuestro obispo, D. Mario, nos impone los escapularios de Nuestra Señora del Carmen, tras un momento de oración y reflexión. Seguido accedemos al presbiterio que se encuentra en alto y desde allí la visión de la imagen de la Virgen del Carmen es imponente. Mi oración es para la gente de la mar y muy especial para mis familiares tan apegados a ella. En constante recuerdo. Bien saben el Señor y Nuestra Señora a lo que me refiero: Eskerrik asko!!!!!

Salimos del Santuario y tenemos oportunidad de ver toda la bahía de Haifa, imponente con sus más de veinticinco kilómetros y su puerto marítimo, uno de los más importante de Israel.

Seguimos camino hacia Caná de Galilea, donde visitamos la iglesia de los franciscanos, la de las Bodas de Caná, donde tenemos oportunidad de ver un enorme aljibe. Recibimos la información precisa por parte de nuestro ángel particular y al compás de la lectura de Jn 2,1-12, recreamos la escena de la conversión por Jesús del agua en vino. Seguido retornamos a Nazaret para el almuerzo y reponer fuerzas para poder proseguir, no sin antes pasar por una de las tiendas en la que probamos el célebre vino: exquisito.

Tras un breve descanso, nuestro particular ángel nos propone dar un paseo por Nazaret, a la vez que nos presenta diversos espacios que entendemos importantes en la vida de la Sagrada Familia. El primer punto que visitamos es el lugar en el que se encuentra la fuente de la Virgen, un sitio que se encuentra vallado y apenas se divisa el interior. Unos metros más arriba se encuentra la Iglesia ortodoxa del Arcángel San Gabriel, que llama la atención por un pequeño depósito con un grifo desde el que se puede beber agua del manantial del que se surtía María.

A continuación, seguimos el paseo hacia el Convento de las Hermanas de Nazaret en donde se encuentra la tumba de san José, a la que tuvimos acceso y nos permitió ver cómo era una sepultura de la época, con la losa circular a modo de puerta, la cámara mortuoria con su pequeño altar y los espacios reservados para depositar los cuerpos y los restos reducidos. Todos quedamos impactados por la evocación a la losa del santo sepulcro a la que se hace referencia en la Escritura. Nuestro ángel no deja de sorprendernos.

De regreso a la Basílica de la Anunciación, en sus aledaños pudimos ver diferentes puntos del poblado evangélico de Nazaret y nos detuvimos en uno en particular, donde se leyó Lc ,11 5-1, la parábola del amigo inoportuno, para poner en evidencia que El Señor siempre nos suministrará lo que necesitemos. Una vez más, nuestro ángel, en un brillante ejercicio de síntesis exegética, nos ubicó espiritualmente ante unos restos arqueológicos y nos orientó hacia el horizonte hacia el cual todo apunta y dar el salto de lo inmanente de unas ruinas a la transcendencia de la bondad y de la misericordia divina.

De camino a la celebración de la Eucaristía, tuvimos oportunidad de admirar la obra escultórica de san José, así como un conjunto de medallones relacionados con la Sagrada Familia, y escuchar la narración del modo en que se llevó a cabo el traslado desde España y los diversos detalles que la obra en sí contiene.

Celebramos la Eucaristía, que presidió Don Mario, en la Gruta de la Iglesia de San José. En la predicación se tuvo recuerdo de la Sagrada Familia y a las razones por las que san José es venerado como patrón de la buena muerte. Emotiva celebración la vivida en un lugar emblemático de la vida de Jesús junto a María y a san José.

 

Tras cenar, partimos en bus hacia el mar de Galilea para llevar a cabo la Adoración al Santísimo a bordo de una embarcación a la deriva en medio de la noche galilea silenciosa, estrellada y con la mar como un plato. Muy emotivo y oportuno el momento en el que se aprovechó para entonar el célebre canto del padre Gabarain Pescador de hombres. Seguimos con el atraque y traslado a Nazaret para retirarnos a descansar y dar comienzo a un nuevo día con el Mar de Galilea como telón de fondo. Nuestro ángel particular no para de sorprendernos, el padre Javier Siegrist nos ha ayudado a conectar con el misterio a partir de los lugares concretos por medio de la Palabra y con sus aportaciones exegéticas, junto a D. Mario con sus predicaciones precisas e instructivas.

 

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