Acabándose el curso quisiera compartir algo de lo aprendido. Verán, en una asignatura de Teología nos tocó mirar la oferta que una conocida casa de venta de libros tiene sobre espiritualidad. Y, ¿qué descubrimos?

Una oferta variada y barata. Por decirlo sencillamente. Muchos de los que en las encuestas pasan por no creyentes adscritos a una religión, son en realidad personas con sed espiritual. Aunque bien es cierto, sincretistas y sin profundizar mucho.

Aquí resuena la pregunta que le hizo Cristo a los Apóstoles (adaptada, claro): y vosotros, ¿quiénes decís que son?

Si nos quedamos en que quien cree sin religión es un superficial sincretista, poco podremos hacer. Sin embargo, si lo vemos como una persona en búsqueda que quiere decidir cómo, cuándo y a quién creer entonces la cosa cambia; pues nos lleva a dejar de ofrecer sólo doctrina y grandes tradiciones para privilegiar experiencia, itinerarios personales y vivencias espirituales.

¿Por qué no intentar este camino? Ahora bien, para acompañar por él, hacen falta maestras y maestros de vida y experiencia espiritual que, recuperando la mística cristiana, la hagan accesible a todos.


Txomin Alonso

Seminarista de segunda fase.

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