Tras más de veinticuatro horas de viaje llegamos a Quevedo, localidad en la que se encuentra la parroquia de Paulino Ordax, sacerdote diocesano de Bilbao. Una vez nos hemos ubicado y descansado, hemos tenido oportunidad de participar de manera activa en las primeras reuniones y hacernos presentes en la vida parroquial.

Hay dos características que nos han llamado la atención de la gente aquí en Quevedo: la primera es la presencia de Dios en la vida de cada una de las personas de la comunidad y al mismo tiempo la amabilidad, la hospitalidad, la acogida de la gente.

Tuvimos oportunidad de acompañar al grupo de Pastoral penitenciaria en la cárcel de la ciudad de Quevedo, donde vimos las condiciones que reúne el centro y el modo en el que viven los reclusos. Celebramos la Eucaristía y tuvimos oportunidad de dialogar a la conclusión de la misma, mientras las personas del grupo de Pastoral repartían pan entre los presos.

En Ecuador el curso Pastoral se encuentra en su mitad y a lo largo de esta semana se desarrollan una serie de actividades que se engloban en un proyecto que se denomina Misión.

La dinámica este curso consiste en llevar a cabo una serie de visitas a las casas, en las que se presenta el tema a tratar en torno a la familia y el matrimonio cristiano.

Se trata de una actividad en la que los jóvenes, junto con sus catequistas, visitan las casas de sus compañeros y llevan en la calle o en lugares habilitados para ello las actividades programadas en torno a la familia 

Hemos podido comprobar en primera persona, al visitar diferentes casas, las condiciones en las que viven aquí en Quevedo, alejados de las comodidades occidentales, pero con Dios presente en las vidas y en los corazones con una amabilidad y una hospitalidad que conmueve.

Durante nuestra segunda semana en Ecuador ha finalizado la actividad denominada Misión, que consiste en que los muchachos de la catequesis se reúnan con los padres y madres de su grupo en una casa que acoge la actividad cada día, al igual que las primeras comunidades. La Misión es una actividad donde hemos tenido oportunidad de comprobar como los grupos hacen piña al reunirse y celebrar y al mismo tiempo llevan a cabo la labor evangelizadora, ya que se exponen temas interesantes que contribuyen a difundir el reino de Dios. La temática de la Misión ha sido la familia y el matrimonio cristiano.

Por otra parte, con motivo de la celebración de un encuentro diocesano de Caritas, en los preparativos hemos tenido oportunidad de desplazarnos a Vinces y Palenque, que son las localidades en las que se asentaron hace más de setenta años los primeros misioneros vascos en Ecuador. Tuvimos ocasión de visitar la tumba del padre D. Máximo Guisasola Arizmendiarreta, uno de los pioneros en ofrecerse para ser destinado en tierra de misión de la diócesis (entonces Vitoria) dentro del programa de Propaganda Fidei. Una placa de Misiones Diocesanas Vascas recuerda a los misioneros en su conjunto destacados en Ecuador a lo largo de los años.

En la localidad de Calceta hemos tenido ocasión de compartir en un encuentro de sacerdotes de El Prado, con ocasión del compromiso de su párroco con una nutrida representación de curas de la zona. Se da la casualidad que la iglesia de Calceta ha recibido ayuda de la diócesis de Bilbao para su reparación, ya que con ocasión del terremoto de hace tres años su estructura quedó seriamente dañada. A la conclusión de la celebración se comió una paella en la casa cural y en la sobremesa salieron los nombres de tantos misioneros vascos que a lo largo de los años han pasado y acompañado a la gente de Ecuador y concretamente en Los Ríos.

El miércoles, día 14 de agosto, en Guayaquil en la casa del obispo auxiliar Monseñor Giovanni Battista Piccioli fuimos invitados a celebrar un encuentro con las familias de los seminaristas de Bilbao David Garrido y Marco Antonio Muñoz. El anfitrión nos deleitó con un almuerzo que dio paso a una interesante sobremesa en la que compartimos junto a los familiares de nuestros seminaristas de origen ecuatoriano. El encuentro se nos hizo corto porque tuvimos que partir en dirección a Quevedo que se encuentra a tres horas de viaje. Interesante y agradable momentos que pasamos en casa de D. Giovanni al tener ocasión de saludar y conocer a las familias de nuestros compañeros.

Por otra parte, en esta tercera semana, es el turno de La Misión en la parroquia de la que también es titular el padre Paulino, Playa Grande. La tónica general ha sido el abierto recibimiento en las casas a todos los participantes. La amabilidad y la generosidad ha sido la característica dominante.

Los tres integrantes de la expedición estamos colaborando con los diferentes grupos de la parroquia en actividades catequéticas, con grupos de monaguillos, en las escuelas en la clase de religión, además de las actividades ya citadas.

Queda una semana por tierras ecuatorianas para Imanol y Jaime. Aitor Uribelarrea parte para Bilbao en unas horas. En una próxima entrega daremos cuenta de las actividades que restan:

  • Encuentro de Cáritas de la diócesis de Babahoyo,
  • Encuentro en el circo,
  • Procesión de Divino Niño,
  • San Jacinto

Una vez finalizada la experiencia misionera en Ecuador y ya de regreso en Bilbao, nos gustaría remarcar algunas de las últimas actividades en las que acompañamos al sacerdote diocesano Paulino Ordax.

La mañana del jueves 17 visitamos nuevamente la cárcel, donde compartimos con los presos y los voluntarios de la pastoral penitenciaria la celebración de la Eucaristía y unos momentos de conversación. Ya por la tarde – noche acudimos al circo, donde tuvimos oportunidad de acompañar a las familias y ver como grandes y pequeños disfrutaban del espectáculo ofrecido.

El viernes 16 finalizamos la «Semana Misionera» en la iglesia de la Sagrada Familia de Nazareth y con el tema de la familia y el cuidado de la casa común participamos del encuentro con todos los grupos que habían formado la actividad. La experiencia fue enriquecedora, ya que nos permitió compartir en común a todos los grupos, a la vez que observar y participar de la felicidad y alegría contagiosa de la gente poniendo fin a la semana con una chocolatada. Una vez más asistimos a la expresión manifestada en la sencillez del deseo de compartir y de como la acción de Dios no está en lo que se comparte sino en el compartir.

El sábado 17 participamos en Vinces en un encuentro diocesano de Cáritas en el que el tema central fue la ecología y el cuidado de la Casa Común. Al volver a Quevedo compartimos con un grupo de jóvenes (18-20 años) quines nos invitaron a dinamizar su encuentro, lo cual hicimos con agrado invitándoles a reflexionar como Jesús se entrega por amor a nosotros por medio de unas lecturas bíblicas que comentamos.

El domingo 18 participamos de la misa dominical junto con la multitud que acude a la parroquia y luego fuimos invitados a la comida en la parroquia del Divino Niño porque tomaba posesión el nuevo párroco y así tuvimos ocasión de saludar al obispo de Babahoyo, Mons. Skiper Yañez, a quien tuvimos ocasión de conocer en Bilbao con ocasión de la ordenación episcopal de Mons. Joseba Segura.

El lunes 19 fue un día de descanso necesario y por ello no tuvimos actividad reseñable.

El martes 20 fuimos a Santo Domingo a conocer a su párroco el padre Euclides y a adquirir formas y vino al Monasterio de las HH. Carmelitas Descalzas. Ya por la tarde, no pudimos acudir a la celebración del Divino Niño porque teníamos «escuelita» (catequesis con adultos) con los miembros del grupo de Juan XXIII, lo cual hicimos con mucho agrado dada la gentileza y amabilidad de sus integrantes y la de cuantos conforman las diferentes parroquias en las que hemos tenido oportunidad de compartir.

El miércoles 21 impartimos la catequesis a los niños de un colegio. Por la tarde comenzamos el Triduo de Acción de Gracias por el 25 aniversario de la fundación de la diócesis de Babahoyo. Días antes Paulino nos pidió que nos documentáramos sobre el inicio de las misiones vascas en Ecuador. Así hicimos y pudimos compartir lo aprendido con la gente. Al finalizar la Eucaristía y tras despedirnos de la gente, recibimos la generosa y calurosa invitación de una simpática familia para cenar con ellos. Esta ha sido una de las grandes enseñanzas que recibimos en Ecuador, vivir en la felicidad cristiana y saber compartir a pesar de tener poco.

El jueves 22 a las 2 de la mañana partimos de vuelta hacia Bilbao con todo lo que habíamos recibido y aprendido con Paulino y la maravillosa gente con la que tiene la suerte de convivir y a quienes ya echamos de menos, pero ya falta menos para poder volver. Hasta la vuelta, gracias y un fuerte abrazo a todos cuantos integran las diferentes parroquias de la localidad de Quevedo por la oportunidad que nos han brindado para conocer una realidad en tierra de misión y, por supuesto, nueva para nosotros.

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